Cierra la organización creada por EE. UU. e Israel para distribuir ayuda en Gaza
La Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), una organización creada con el respaldo de Estados Unidos e Israel para distribuir ayuda en el enclave palestino, anunció el fin definitivo de sus operaciones tras varios meses de trabajo marcado por polémicas, cuestionamientos y denuncias sobre su funcionamiento. La institución había sido presentada por ambos gobiernos como una alternativa rápida y directa para llevar alimentos y suministros a una población devastada por la guerra, con la promesa de ofrecer un sistema más eficiente que el de las agencias tradicionales.
La fundación comenzó a operar en mayo y desde entonces instaló varios puntos de distribución en zonas controladas por el ejército israelí, principalmente en el sur del territorio. Según datos proporcionados por la propia organización, durante su actividad habría entregado más de 187 millones de raciones de comida y suministros básicos a miles de familias desplazadas. Sus responsables sostienen que el objetivo inicial —brindar ayuda de emergencia en medio del colapso del sistema humanitario— ya fue cumplido, y que su retirada obedece a una “transición natural” hacia un nuevo modelo de coordinación internacional.
Sin embargo, su presencia nunca estuvo exenta de controversias. Diversos grupos humanitarios cuestionaron desde el inicio la falta de claridad sobre su financiamiento y estructura operativa. También criticaron que se tratara de una entidad estrechamente vinculada a dos actores militares del conflicto, lo que a su entender afectaba principios de neutralidad, imparcialidad e independencia que rigen la ayuda humanitaria. Países europeos, además, expresaron preocupación por el carácter privatizado de un sistema que debía estar guiado por organismos multilaterales.
A lo largo de los meses, la fundación enfrentó acusaciones de que sus centros de reparto se encontraban demasiado lejos de las zonas más afectadas, obligando a la población a realizar extensos desplazamientos a pie en un contexto de inseguridad extrema. Varias personas habrían muerto o resultado heridas cuando se producían aglomeraciones o incidentes con fuerzas de seguridad que custodiaban los accesos, un aspecto que organizaciones locales calificaron como “evitable” y “consecuencia de un modelo mal planificado”.
El director de la fundación, John Acree, defendió la labor realizada y aseguró que el trabajo de GHF permitió “demostrar que existe una forma más segura y directa de entregar ayuda sin que se desvíe o sea manipulada”. Según expresó, la retirada de la organización coincide con la entrada en funcionamiento del Centro de Coordinación Civil-Militar (CMCC), un organismo impulsado por Estados Unidos que asumirá parte de la logística humanitaria ahora que rige un alto el fuego frágil y constantemente amenazado.
La salida de la GHF deja un panorama complejo. Miles de familias aún dependen de la asistencia para sobrevivir, mientras que la infraestructura civil continúa severamente dañada y el acceso a los servicios básicos sigue siendo limitado. Organismos internacionales advierten que el cierre de esta fundación no resuelve los problemas estructurales en la entrega de ayuda, y señalan que solo un sistema coordinado por agencias especializadas y con acceso pleno al territorio podrá responder a las necesidades reales de la población.
Mientras tanto, diversas organizaciones insisten en que la prioridad debe ser restaurar la confianza en los mecanismos humanitarios tradicionales y garantizar un corredor seguro y estable para la entrada de suministros. El fin de la GHF, para algunos observadores, simboliza el fracaso de un experimento que intentó sustituir estructuras consolidadas en un territorio extremadamente vulnerable. Otros consideran que, pese a sus errores, la fundación logró aportar un volumen significativo de ayuda en un momento crítico.
Lo cierto es que el cierre se produce en un contexto de profunda devastación, con cientos de miles de personas sin hogar y con una reconstrucción prácticamente inexistente. La comunidad internacional vigila con atención los próximos pasos, temiendo que la retirada de la fundación pueda agravar aún más una crisis humanitaria que ya se encuentra al límite.
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